Talleres quedó atrapado en su propia crisis y Sampaoli ya no encuentra respuestas
La derrota 3-1 ante Gimnasia de Mendoza volvió a exponer las enormes dificultades de la “T”. El equipo no logra sostenerse defensivamente, acumula dos goleadas consecutivas y atraviesa un momento de incertidumbre que pone al ciclo de Jorge Sampaoli bajo máxima presión.

Talleres atraviesa un momento que ya no puede explicarse únicamente por una mala noche. La derrota frente a Gimnasia de Mendoza volvió a mostrar problemas que se repiten y que empiezan a convertirse en una característica preocupante del equipo.
La “T” recibió tres goles por segundo partido consecutivo, volvió a cometer errores que le costaron carísimo y terminó jugando con diez hombres. El dato más preocupante no está solamente en el marcador: está en la facilidad con la que los rivales encuentran espacios y lastiman a un equipo que no consigue afirmarse.
En Mendoza, el partido se rompió demasiado rápido. Antes de los 20 minutos, Gimnasia ya había conseguido una diferencia de dos goles. Agustín Módica convirtió de penal y luego volvió a marcar tras aprovechar una falla en la salida de Federico Fattori.
Talleres quedó obligado a jugar otro partido completamente distinto al que había imaginado. Y nunca encontró la manera de modificarlo.
Sampaoli había intentado cambiar la fórmula. El entrenador dejó atrás el esquema que venía utilizando y apostó por un 4-2-3-1. También modificó nombres, con Valentín Fascendini y Emiliano Chiavassa desde el inicio y Valentín Depietri como referencia ofensiva.
La búsqueda de una reacción, sin embargo, terminó chocando con los mismos inconvenientes.
Talleres no logró ser sólido cuando tuvo que defender y tampoco encontró suficiente peso cuando necesitó atacar. La diferencia pudo ser todavía mayor: Facundo Lencioni tuvo la posibilidad de convertir el cuarto desde el punto penal, pero Ezequiel Unsain evitó otra caída del arco al contener el remate.
El arquero terminó siendo uno de los pocos puntos altos de una noche en la que casi todo salió mal.
Y hubo más. La expulsión de Román Riquelme, después de un enfrentamiento con Juan Franco que terminó con ambos jugadores fuera de la cancha, agregó otro capítulo a una campaña marcada por las dificultades para terminar los partidos con el plantel completo.
El 3-0 de Luciano Cingolani, apenas comenzado el segundo tiempo, terminó de sentenciar la historia. Talleres pudo descontar, pero nunca consiguió instalar la sensación de que estaba realmente en condiciones de cambiar el resultado.
Por eso, el interrogante sobre Sampaoli aparece con más fuerza que nunca.
El entrenador ya probó modificaciones tácticas, cambió jugadores y buscó diferentes alternativas. Pero el equipo sigue sin encontrar estabilidad. Y cuando las soluciones que se intentan no producen una reacción, inevitablemente comienza a discutirse al responsable de encontrarlas.
Después del partido, Sampaoli no habló con la prensa y se retiró junto al plantel. Según se informó, no presentó la renuncia y el equipo retomará los entrenamientos el martes, pensando en el próximo compromiso frente a Rosario Central.
Talleres necesita mucho más que esperar que llegue ese partido. Necesita recuperar una identidad y, sobre todo, dejar de conceder ventajas que después resultan imposibles de remontar.
La derrota en Mendoza profundizó la crisis. Ahora será la dirigencia la que deberá determinar si Sampaoli todavía tiene las herramientas y el tiempo necesarios para cambiar la situación.

