Cristina y Massa, la única esperanza que le queda a Milei
El desgaste del Gobierno nacional y las dificultades económicas atraviesan el escenario político rumbo a 2027. Sin embargo, la continuidad de figuras históricas en el peronismo plantea interrogantes sobre la renovación de la principal fuerza opositora.

El deterioro de la imagen y de la gestión del presidente Javier Milei es notorio.
Todas las actitudes fuera de cualquier comportamiento convencional y de buenos modales que mucha gente antes le festejaba, hoy ya son vistas como lo que realmente son: impulsos de una persona maleducada, acomplejada y con aparentes problemas psíquicos.
Pero ¿por qué sucede esto?
Sencillamente, porque el esfuerzo que los argentinos hicieron durante estos últimos 3 años de ninguna manera se ha visto reflejado en los bolsillos de la mayoría de la población.
El dinero no alcanza, los alimentos y artículos de primera necesidad continúan subiendo, crece el desempleo y, junto con ello, la desesperanza.
La clase media argentina, otrora orgullo en América Latina, hoy se debate entre la pobreza y la extinción.
Con este panorama desfavorable, sumado a los resonantes casos de corrupción del gobierno nacional, en teoría, la mesa debería estar servida para que la oposición gane las elecciones presidenciales del año próximo.
Pero Milei, a pesar de todos sus desaciertos, guarda una pequeña gran luz para poder seguir en el poder, si es que Patricia Bullrich no lo traiciona y juega sus cartas.
Esa pequeña gran luz de esperanza, por ahora, se la brinda el peronismo, que, lejos de haber renovado sus dirigentes o de haber aprendido de sus viejos y graves errores cuando les tocó gobernar, se encarga de perseverar en viejas recetas que solo benefician a un puñado de dirigentes que ya le dieron al país lo que pudieron.
Cristina Fernández, Sergio Massa y Máximo Kirchner forman parte de un pasado repleto de fracasos al que los argentinos que tampoco quieren a Milei no están dispuestos a regresar.
“Elles”, piquetes, corrupción y planes para que los que no trabajaban ganaran más dinero que los que sí lo hacían, hoy tampoco resultan, a la vista, un menú atractivo para elegir.
La Argentina está en un punto crítico y, ante la falta de figuras a nivel nacional que le brinden sentido común a las decisiones y un equilibrio a las posiciones extremas, el país seguirá debatiéndose entre los que fracasaron ayer y el que fracasa hoy.
Si el peronismo, como principal movimiento opositor, no se abre a nuevas generaciones y aggiorna ciertos principios a los tiempos modernos, al no convertirse en una opción seria y madura, sucumbirá, sin dudas, una vez más ante las urnas.

